"Contemplar y dar a los demás lo contemplado"
La Orden de Predicadores (O.P.), fundada por Santo Domingo de Guzmán en 1216, tiene como misión central la predicación del Evangelio para la salvación de las almas ("praedicare Evangelium"). Sin embargo, este mandato no se limita a la predicación oral, sino que abarca una espiritualidad completa que combina contemplación, estudio, oración, comunidad y misión, elementos integrados en su identidad desde los orígenes de la Orden.
Los dominicos son conocidos como la Orden de la Verdad (Ordo Veritatis) porque buscan anunciar la verdadera fe, defenderla de errores y promover una comprensión profunda del misterio cristiano. Esta búsqueda nace de la convicción de Santo Domingo: "No se puede dar lo que no se tiene", por lo que su misión incluye el estudio constante, la reflexión seria y el discernimiento.
El carisma dominicano se resume tradicionalmente en cuatro pilares inseparables:
Es el pilar central. La predicación no se limita al púlpito: se ejerce en universidades, medios de comunicación, misiones, acompañamiento espiritual y defensa de la dignidad humana.
Para Santo Domingo y para toda la tradición dominicana, estudiar es un acto de amor. El estudio forma la inteligencia para comprender la Revelación y dialogar con el mundo. De aquí nacen sus grandes teólogos como Santo Tomás de Aquino, San Alberto Magno y muchos otros.
Los miembros viven en comunidad como signos del amor fraterno: comparten oración, misión, trabajo y bienes materiales. La comunidad es el lugar donde se discierne, se crece y se sostiene la misión.
Los dominicos viven la liturgia con gran solemnidad y profundidad intelectual. La oración es la fuente de la predicación: "Contemplare et contemplata aliis tradere", una de las máximas del espíritu dominicano.
La Orden está presente en más de 100 países, evangelizando en:
Su carisma los hace flexibles, intelectuales y profundamente espirituales.